El rol de la filosofía hoy: la importancia de filosofar en el siglo XXI

Imagen conceptual sobre el rol de la filosofía hoy y su importancia en el siglo XXI

El rol de la filosofía hoy se está desvaneciendo. Es inquietante los derroteros a los que ha llegado la disciplina en el primer cuarto de siglo XXI. Resulta inquietante por un motivo abrumador, a saber: las facultades de filosofía están llenas de académicos que no proponen nada nuevo, sino que rumian por rumiar textos clásicos con el único fin de demostrar su erudición y adularse por medio de artículos que pocos leen, entre ellos mismos. 

Esta práctica espantosa no es muy lejana a la que se hacía en la edad media, entre los escolásticos, que en lugar de observar la naturaleza estaban pegados en mundos donde ángeles y demonios, Dios y esferas celestes configuraban el pensamiento y fundaban la moral de sociedades estamentales que poco conocimiento real generaron con relación a sus mil años de historia. No obstante, lo peor de todo no es esto, sino que los académicos tienden a creer tanto en los autores que leen, con tal fervor, que se sienten llamados a activar defensas personales acerca de tal o cual filósofo.  

La filosofía se ha vuelto estéril en este cuarto de siglo producto de esta abominable práctica, la cual hace inútil el saber que generaciones pasadas de pensadores que entablaron el mundo en el que hoy vivimos con tanto esfuerzo y ahínco, y que ahora se ven invisibilizados por extemporáneos. Perdiendo maravillosas ideas en el camino. 

En un mundo dónde el cambio es la norma y la incertidumbre el pan de cada día; un mundo donde los conocimientos crecen exponencialmente y las tecnologías se democratizan con excesiva facilidad y rapidez, el rol de la filosofía no se puede quedar en las torres de marfil, esperando su oportunidad para brillar. Entonces, nace la pregunta: ¿para qué estudiamos los filósofos? 

Imagen conceptual sobre el rol de la filosofía hoy y su importancia en el siglo XXI

La filosofía hoy debería tener como imperativo defender posturas morales y éticas con base en los nuevos conocimientos generados, y que dicha defensa enaltezca a nuestra humanidad por medio de valiosos discursos que, meditados y correctamente razonados, justifiquen un cierto actuar y conduzcan a la sociedad a respetar dicha defensa. 

Nuestra herramienta nunca ha dejado de ser el lenguaje y el diálogo, el discurso. El rol de la filosofía es poner a prueba el impacto que cada nueva invención técnica tiene en la sociedad y en las personas, y que de cada nueva práctica que nazca de ella, nos obligue a elaborar una defensa conforme a qué es lo que sería correcto hacer con el fin de indicar un camino.

La gracia de la filosofía es cuestionar métodos y formas de generar conocimientos, además de identificarlos, poner a prueba a las instituciones que hacen posible la vida social para mejorarla y analizar inquisitivamente cada nueva idea o filosofía que se vierta en los caudales de lo público. 

Sin embargo, para conseguir esto necesitamos estudiar y razonar con finura y atrevernos a defender lo que creemos que es correcto y verdadero. Pues, un filósofo es, ante todo, un buscador de la verdad, y solo se puede alcanzar esta a través de la concordia (en el caso de la legalidad y las costumbres); de la observación (en el caso de la naturaleza); y por el resultado de un juicio de terceros, en este caso, el del ciudadano medio (para la política). 

El problema que aqueja al rol de la filosofía hoy, desde un punto de vista externo a ella, es que hay excesivo pensamiento. Tantos como parcelas de la realidad existen. Las redes sociales y los mass media son un problema desde la perspectiva de la inmediatez, pues sabemos que estos traen consigo poca reflexión. Sin embargo, estoy seguro que solo el discurso, el logos, la palabra, es nuestra única herramienta, nuestra única forma de persuadir y convencer a los otros. 

Hoy en día llaman “pensamiento crítico” a razonar con límites o criterios claros, con base en la lógica y ser, a su vez, inquisitivo. Yo conozco esto, simplemente, como filosofar. Todos pueden filosofar, ahí está la gracia. La filosofía no es alquimia, es el verdadero “sentido común”. Pues, ¿qué más humano que pensar? ¡Otra cosa distinta es hacerlo correctamente! Pero para hacerlo correctamente se necesita práctica, algo de erudición y no contradecirse. 

Imagen conceptual sobre el rol de la filosofía hoy Bertrand Russel y Michel Foucault

Lamentablemente, hoy por hoy, muchos mundillos filosóficos destruyen lo poco que queda de buena filosofía arguyendo el fin de la misma, de la verdad, de lo ético y de lo bello como puntos de encuentro entre la realidad y el pensamiento. La filosofía francesa contemporánea, la Escuela de Frankfurt, el idealismo alemán y la metafísica contemporánea (incluyendo a la analítica que no hace más que buscar a Dios) son pruebas de ello. Lo peor de todo esto es que luego nos quejamos de que la filosofía sobra, ¿no…?

Las humanidades como un conjunto de disciplinas, incluyendo a la filosofía, deben resistir. Y deben hacerlo en función a un estatuto claro, a saber: buscar la verdad, el conocimiento y difundir entre la ciudadanía el valor de la tolerancia, del respeto, de una educación y divulgación disciplinada, conformadora de carácter, y del amor. A través de los mismos fundamentos que hacen a la democracia representativa y liberal lo que es: ¡una democracia! Todos estos ideales que Bertrand Russell cristalizó y que guiaron su vida, por ejemplo. Ideales que, desde antiguo, han fundado la práctica de excelentes filósofos. 

La democracia liberal y representativa depende de un debate de ideas profundo e inquisitivo. No por menos nació el movimiento sofístico en la Atenas de Pericles, el siglo más próspero de la Grecia clásica. Lamentablemente, hoy existen muchos “Sócrates” y “Platones” que defienden las autocracias en lugar de las democracias. ¿Habrán “Protágoras” que defiendan la democracia tal cual la conocemos? 

Tal vez, llegó el momento de ejercitar el filosofar por parte de los académicos de filosofía en lugar de llenar nuestras universidades y foros públicos con historiadores de la misma. Tal vez, llegó el momento de refrescar los pensamientos. 

 


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